Sindicar

Un herrereño muy sacrificado y comprometido

Hace unos días pasamos una tarde muy agradable charlando con uno de los vecinos más ilustres de La Herrería, José Pistón Balmón "El Palmero". Éste veterano lugareño nos deleitó con muchas de sus vivencias y de nos contó múltiples anécdotas que le han sucedido a lo largo de su vida.

Los antepasados de José también son originarios de La Herrería. Sus padres tuvieron 3 hijos, aunque actualmente sólo vive José, ya que tanto Manuel como Dolores, sus dos hermanos, han fallecido ya.

José nació en La Herrería hacia el año 1934, y desde entonces ha permanecido en esta pequeña aldea de La Colonia de Fuente Palmera, exceptuando las temporadas en que emigraba para trabajar en Francia. Actualmente vive en casa con una sobrina suya y su marido, los cuales tienen además una hija. Con su sobrina mantiene una relación muy cercana y la ayuda en aquello que buenamente puede. Por ejemplo, nos cuenta que mientras ha estado estudiando la carrera en Córdoba, él la acompañaba cada día para que no tuviese que realizar el camino sola. Hoy en día José también echa una mano en un pequeño invernadero familiar en el que cultivan entre otras cosas, tomates, pimientos...

En su juventud, hacia el 1955-56, realizó el servicio militar en Marruecos durante 16 meses. Lo destinaron al cuerpo de carros de combate y durante su estancia en el país marroquí no gozó de ningún día de permiso para poder visitar a su gente de La Herrería.

Cuando se debía trasladar a Francia para trabajar, cogía un tren en Córdoba y ya no se paraba hasta cruzar la frontera en los Pirineos, donde pasaba el reconocimiento médico y se cambiaba de tren, el cual lo trasladaba a su lugar de destino. Entre otros muchos pueblos galos estuvo en Nimes o en Cambrai, pegado a la frontera francesa con Bélgica. En uno de sus regresos desde Cambrai, nuestro protagonista, junto con algunos compañeros, se confundieron de parada y se bajaron en la que no les correspondía. El error les costó llegar a una zona muy marginal de París, donde nos cuenta que llegaron a pasar incluso miedo ya que debían pasar la noche en las vías a la intemperie. Aunque cuando creían que iban a tener que pasar la noche entera en esa lugar tan desapacible, por suerte reconocieron a unos compañeros gaditanos que trabajaban en aquel lugar y éstos les indicaron el camino para poder salir de allí y coger el tren correcto de regreso a casa.

A Francia se trasladó durante 44 años en los que pasaba unos meses trabajando en diferentes menesteres, como en albañilería y especialmente en labores agrícolas. En el campo francés desarrolló diferentes trabajos temporeros como por ejemplo la recolección de espárragos, algodón, etc.

Nuestro convecino partía desde España, junto con otros muchos compañeros, con un contrato debajo del brazo, aunque según nos afirma, estos contratos no siempre llegaba a cumplirlos en su totalidad. Esto se debía a que eran muy largos y, después de unos meses de trabajo duro (con jornadas laborales de hasta 13 horas diarias), siempre acababa regresando a su pueblo natal que tanto añoraba. Así, hubo ocasiones en que llevaba un contrato laboral incluso para 11 meses seguidos en Francia, aunque nunca permaneció tanto tiempo seguido sin volver a La Herrería. Pese a todo, nos comenta que siempre trató de quedar bien con todas aquellas personas con las que trabajó, ya fueran compañeros de labor, manigeros o jefes de trabajo.

Aunque esta premisa de intentar quedar bien con todo el mundo no siempre la pudo cumplir. Nos recuerda por ejemplo, la vez que le echaron de su trabajo por intentar enseñar cómo coger el algodón a una pareja de Fuente Palmera que trabajaba con él. A este matrimonio no le cundía demasiado coger algodón y José quiso enseñarlos para que pudieran sacarle más partido a su trabajo. Aunque el manigero que los supervisaba lo vio aconsejando a estos compañeros y se lo contó al encargado, y éste le dijo a José que ya no fuese más a trabajar a su plantación. Así pues, nuestro protagonista hizo aquello que le habían impuesto y nunca más volvió a trabajar allí, pero antes de irse exigió al encargado que le pagase en mano todo el dinero que le debía.

Así pues, no sólo ha trabajado en el extranjero, sino que cuando se encontraba en su aldea natal siempre trabajó en todo lo que pudo. Ha recolectado algodón, aceituna..., aunque en el trabajo agrícola que más destacó fue en la recolección de algodón, en el que llegaba a recoger hasta 160 kilos diarios aproximadamente. De este modo, trabajando por cuenta propia y no por jornal, nos cuenta que pudo ahorrar algún dinero, aunque para ello debió trabajar muy duro y durante mucho tiempo. De hecho en una ocasión, mientras recogía algodón en un cortijo le indicaron que se fuera a coger naranjas a jornal, pero él se negó puesto que se le daba mucho mejor coger algodón y prefería ganar un sueldo trabajando por cuenta propia.

En otra ocasión, nos cuenta que en un cortijo le pagaban el kilo de algodón a "3 gordas", sueldo que no les daba para prácticamente nada. Además, por aquel entonces había en la cuadrilla de trabajadores, una muchacha con la mantuvo un romance. Pero ésta chica acabó defraudándolo ya que pertenecía al Sindicato Vertical de la época, y cuando éste sindicato se reunió para estudiar el sueldo que debían cobrar los jornaleros que recogían el algodón, acabó acordando que se redujera de 3 a "2 gordas". Ello hizo que José abandonase ese trabajo, así como a la chica para siempre.

En cuanto a su relación con sus vecinos herrereños casi siempre ha sido muy buena. Referido a esto mismo nos cuenta una anécdota que le ocurrió hace unos años cuando se fundó en la aldea una Asociación de Vecinos. Según nos afirma, él cedió una antigua casa que tiene para que esta asociación se pudiera reunir cada vez que lo necesitase, pero al parecer alguien no hacía más que quejarse a las autoridades locales, puesto que tanto la Guardia Civil como la Policía Local, o incluso inspectores de sanidad, acudían frecuentemente y sancionaban a la asociación por la situación en que se encontraba la casa. Al final, llegó el punto en que era insostenible la situación porque no podían hacer frente a tantas infracciones y por ello debieron clausurar dicha asociación.

Finalmente, José nos cuenta que durante su día a día lo que más le gusta es salir a la calle para charlar con sus vecinos. Aunque quizá, lo que más le satisface es ver jugar al fútbol a su jovencísimo sobrino de tan sólo 11 años, al cual considera que es "un auténtico figura" del deporte rey.