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La afición a los galgos en La Herrería


Eusebio Fernández Díaz
Vecino de La Herrería

Tuvimos la ocasión de charlar con Eusebio un joven de 35 años vecino de La Herrería y que se dedica a las labores agrícolas de temporada que van saliendo en el campo como jornalero, concretamente ahora se dedica a la recogida de la aceituna.

Desde pequeño, sólo con ver los galgos de sus tíos y acompañarles en algunas ocasiones, comenzó con unos 8 años a aficionarse a la cacería con galgos. Aunque hoy día dice que el campo esta vallado por todos sitios, y eso dificulta mucho el poder echar los galgos a correr, para poder disfrutar de buenas carreras hay que acudir a algún coto como el de Fuente Carreteros o Guadalcazar, que no siempre se puede conseguir invitaciones para poder ir.

Ha llegado a tener 10 o 12 galgos a la vez, para poder probarlos y de ellos elegir los que más le han gustado. No ha acudido a campeonatos oficiales ya que eso dice que cuesta mucho dinero, incluso dejar de trabajar para hacer una carrera del campeonato, cuando uno depende de ese jornal.

Normalmente nos cuenta que las perras hembras suelen convenir más porque comienzan a correr al 100 % antes que los machos, si no vale pues la descartas antes. Los machos tardan más en coger su forma, aunque el macho que vale tarda más años en su apogeo.

Siempre tuvo perros de raza española, ahora lo que tiene son dos perros cruzados de galgo español con inglés, en proporciones 75 % español y un 25 % en inglés, este segundo tiene un mejor esprinté mientras el español tiene más resistencia. Los ingleses se utilizan normalmente para carreras en pista, mientras el español es mejor para resistir en una carrera en el campo con libre.

En La Herrería dice que han organizado en alguna ocasión carreras de carreras con galgos en pista, aunque últimamente en los dos últimos años no se organizan.

Eusebio además de la afición a los galgos también tiene afición a los gallos ingleses, pero dice que eso si que se está complicando, le exige sacarse el número de explotación oficial, tatuar los gallos con algunos datos que lo identifiquen, además de tener que federarse para poder entrar en los reñideros oficiales.