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Carmen Barmón García: Una historia por recordar


Este mes hablamos con una vecina natural de La Ventilla, Carmen Barmón García de 67 años. Tal como ella nos cuenta empezó a trabajar a la edad de 12 años en la Casilla del Gato, al ser tan pequeños por el trabajo realizado de su hermano y ella misma, sólo cobraban un sueldo. Además de esto, también ha escardado algodón, ha segado habas y garbanzos en diferentes fincas. Nos cuenta cómo iba todos los días a Posadas en bicicleta Ha trabajado en Jaén, Antequera incluso en Francia. Se casó en 1969 y dos años más tarde se fue a la vendimia al país vecino. Hacían el trayecto en tren pero, los últimos años lo hacían en autobús. Recién terminada la uva, se venía para su tierra y empezaba con la aceituna.
Esta vecina de esta aldea de Fuente Palmera, nos relata cómo su marido tuvo que emigrar a Alemania en busca de trabajo mientras que ella cogía algodón y aceituna en diferentes fincas de los alrededores. Nos cuenta como anécdota que una Nochevieja, estaba cogiendo aceituna en la Casilla Carlos y un médico tuvo que venir a visitarla porque tenía un pecho malo "el médico parecía más bien un veterinario, y a través de una carta le pedí a mi marido que me enviara una caja de puros para regalárselos al médico porque estuvo durante tres meses curándola" .
Con una sonrisa en su cara se acuerda de como tenía que llevar a su hermano Amadeo a cuestas hacia la finca donde su madre estaba cogiendo aceituna para que esta le diera el pecho.
Cuando su marido vino de Alemania, si hijo tenía cuatro meses, Hicieron su casa y arreglaron los papeles para irse ambos al país germano, pero su marido le quitó las ganas contándole que era muy difícil estar tan alejado de su hijo y además permanecer en un país donde no conoces la lengua ni la cultura. Empieza a reírse al recordar que " yendo para Mingueover en la moto con su marido y estando embarazada en ese momento , se escurrió la bultaco y voltearon por encima de un matorral, aunque no nos pasó nada". Cuenta con asombro cuando su marido vio la cuenta al llegar de Alemania y se encontró más dinero que el que había mandado. Ella había estado en el algodón y no estaba parada como él pensaba.
Sus mejores años los pasó en el cortijo de la Africana. Allí trabajó durante siete años con la siembra de flores, hortalizas, corte de cañas y se acuerda que el encargado les decía "echar horas extras que cuando llegue el fin de semana os llevareis una alegría". Nos dice con alegría que " he trabajado mucho y en mi vida de casada no puedo contar que haya habido escasez, no me he visto sin dineros".
Algunos de los malos recuerdos que aún guarda son "la recogida de aceituna en la casilla de Manuel el Chato porque se cobraba al año siguiente, no había dineros y no pagaban ni en las cooperativas".
Cuando ya tuvo a su segunda cría decidió no ir más a los cortijos para no tener que dejarle los niños a su madre. El matrimonio compró una casa al lado de la tienda y montó un bar, "EL Cohete", lo mantuvieron durante dieciséis años hasta el año 2000.
Como afición tiene la costura. La necesidad de la casa le hizo aprender a coser. Cogiendo la medida de otro trapo nada de patrón, ha hecho cortinas, corchas, enagüillas y hace arreglos para la calle incluso le cose a la tienda Dugo de Fuente Palmera.