Sindicar

Relato de toda una vida


"Yo he trabajado mucho, me he tirado veinte años sin salir criando a mis hijos, luego trabajando en el bar y más tarde me quedé viuda"
Belén González Reyes, 69 años, natural de Ochavillo, pero cuando se casó paso a ser un más de la aldea de La Ventilla. Tiene cinco hijos, tres varones y dos hembras, se quedó viuda con sesenta y dos años. Tuvo el primer hijo con veinticuatro años justo a los diez meses después de casarse "recuerdo que mi marido estaba siempre trabajando, yo estaba con mis niños pequeñitos y sólo tenía el calor de mis vecinas Conchita y Lucia".
Mirando al pasado recuerda a su padre como muy buenas personas, queridos y respetados, su padre era muy recto pero iba evolucionando con la vida. Sin embargo al hablarnos sobre su infancia nos dice que "en el periodo de invierno, últimos de enero, cuando cargaba los trigos, se me mojaba el flequillo del frio que hacía". De pequeña también iba a la escuela, aún con quince años todavía permanecía en las aulas, pero sólo podía asistir los días que no había que echar una mano en el campo para sembrar garbanzos o habas "en esos momentos yo no podía con una espuerta de cuartilla". En el invierno también iba a la aceituna, su padre padecía de ciática y trabajaba mucho, luego dejó las tierras y fue cuando ella y sus hermanos se fueron al campo de lleno.
Dándole un repaso a su vida nos relata que"los fines de semana, cuando mis hijos no tenían que ir al colegio, le echaban una mano al padre en el campo, araban con el tractor, regaban en el verano, ayudaban con la remolacha, pero esto cambió cuando vendí la casa de la Plaza del Pozo y compramos un solar donde montamos un bar, el bar Eugenio, y un pub, el pub Tamara. Durante dieciséis años tuvimos el bar, recuerdo a mi Ana Belén echándome una mano en la cocina. Venía mucha gente de Córdoba, Posadas, Palma del Río, Écija, por aquí pasaban setecientas personas los fines de semana. El plato estrella era los callos, pero en la carta podías encontrar también bombas(patatas rellenas), filetes empanaos, bacalao sin raspa, croquetas, etc. Mi comida tenía mucho éxito, e incluso dábamos bautizos y comuniones. Pero un invierno mi marido se puso malo y a los ocho meses falleció después de una larga enfermedad. A mí me dio ciática, lumbago, tenía varices en las piernas y varias hernias discales, por eso ahora llevo una vida más tranquila en casa con mis cosas, aunque eso sí, yo participo en la asociación de mayores y en la de mujeres, estoy en el baile, en el aerobic, en el taller de memoria, y también en el teatro donde he representado ya varios papeles. En mis pocos ratos libres me encanta leer, aún mantengo la colección de libros que me compró mi marido y mis hijos siempre me regalan uno cuando es mi santo. Me gusta leer todo lo que cae en mis manos, de hecho, voy intercambiando algunos con una vecina que también está interesada en este mundillo"