Sindicar

¡AL HABLA SAN PEDRO!

Una voz estruendosa se oye al otro lado del teléfono: Dígame. Hola… ¿Es éste el teléfono del Cielo? Respondió una voz temerosa. ¡Sí claro! Contestó animado San Pedro. ¿Podría hablar con el Señor? Ahora mismo, sentenció el guardián del Cielo. Nuestro Padre siempre tiene tiempo para todos nosotros. Gracias… Te estaba esperando, pronunció una voz dulce y armoniosa como el sonido de un arpa. Necesito transmitirte un mensaje. Sé que se sufre mucho por las terribles injusticias que se cometen todos los días a causa de la maldad algunas personas. La envidia y el odio habitan por doquier. Pero no todo aquel que aclama ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los Cielos. Aquellos son como los jarrones, buena apariencia por fuera pero llenos de nada por dentro. ¡Fariseos! Se dan golpes de pecho sin recordar que por culpa de su lengua envenenada sufren los semejantes con injurias sin sentido dando hiel por miel. ¡Raza de víboras! ¿Cómo pueden pensar que se escaparán del castigo que se les viene encima? Lo malo no es lo que entra por la boca; sino lo que sale de ella. Beben del agua del egoísmo y comen del pan de la soberbia siendo su mejor amigo el dinero. Si ven débil al prójimo parecen aves carroñeras cebándose con su presa despedazándola con las garras del rencor más profundo. Solo mi Padre es el legítimo juzgador. ¿Aún no se ha entendido mi Mensaje? Todo lo que deseéis que los demás hagan por vosotros hacedlo por ellos. En esto consiste la Ley del Altísimo. Haced el bien sin mirar a quién. Aguardad con el poder de la oración y la Fe. Recuerda que mi sufrimiento fue por vosotros: cuida tus pensamientos porque se volverán actos. Cuida tus actos porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres porque formarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino. Y tu destino será tu vida. ¡Gracias Maestro, no lo olvidaré! ¿Nos veremos ahí arriba? Preguntó expectante. ¿Por qué no? Una brisa suave la despertó del profundo sueño. A su lado el teléfono descolgado…

Jennifer Rojas