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Poemas de Francisca Adame


Francisca Adame Hens, nació el La Victoria, en el año 1922. Actualmente reside en la aldea del término de Fuente Palmera, La Herrería.
En sus poemas nos habla de su familia, de su escuela, de su Colonia y de un sinfín de experiencias vividas. Hemos recogido tres hermosos poemas en los que está presente La Libertad.

LIBERTAD

Me da pena de pensar
cómo he podido vivir
con miedo y sin libertad.
Y ahora que estamos tranquilos
mis miedos voy a contar.

Primer miedo fue a la guerra,
nunca la podré olvidar,
como luchaban los hombres
buscando esa libertad.

Después vino el miedo al hambre
que tuvimos que pasar,
que tu libertad vendías
por un pedazo de pan.

He visto causas injustas,
he visto un hombre llorar,
agarrao a unos barrotes
con miedo y sin libertad.

Quien no ha vivido esta vida
nunca sabrá valorar
lo que sufren las personas
que viven sin libertad.

¡Libertad! Esta palabra es amor,
es sacrificio y es paz,
si la compartimos todos
es una ofrenda floral
pa todos los que murieron
buscando la libertad.

Hoy sin odio ni rencor
contemplo la sociedad
porque ya viven hombres
sin miedo y con libertad.

LA LIBERACIÓN DE LA MUJER

A lo largo de la historia
se ha podido comprobar
que l mujer no ha tenido
un sitio en la sociedad,
porque nadie le veía
valor ni capacidad

De quién ha sido la culpa
la vida nos lo dirá
pues todo lo valoraba
antes que la libertad.

Primero fueron los padres
los que orgullosos decían:
una buena ama de casa
mi hija será algún día.

Después vino el matrimonio,
que sólo se podía ser
buena madre pa los hijos
y para el matrimonio placer.

Pero muy poquito a poco
van rompiendo las cadenas
que le pusieron un día por haber nacido hembra.

Pero ha sido la democracia
quien nos ha hecho comprender
que no debe haber diferencia
entre el hombre y la mujer.

A LA PRISION DE MUJERES

A la prisión de mujeres
a visitarla fui un día,
quise vivir su dolor
y llevarle mi alegría.

Creo que lo conseguí,
y la impresión que yo saqué
os la voy a describir.

A ti, muchachita joven,
tu cara tengo en mi mente,
y aunque no sé tu condena,
te considero inocente.

A ti, madre joven, guapa,
¡qué grande será tu pena!,
porque no puedes tener
a tu hijo a la vera.

A ti, mi amiga mayor,
tus canas me dan respeto,
porque lloras por tus hijos
y suspiras por tus nietos.

A ti, Rosa, la maestra,
¡qué bonito es tu destino!,
que después de dar cultura
das ilusión y cariño.

Os dije que volvería,
y lo tengo muy presente,
y hasta que llegue ese día
os mando un abrazo muy fuerte.

Y no olvidaré ese día
en que vencimos la pena
y vivimos la alegría.