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Parvovirosis Canina

La parvovirosis canina es una de las enfermedades infecciosas más importantes de los perros. Supone una de las infecciones con peor pronóstico en los cachorros y una infección muy preocupante para propietarios, veterinarios y criadores, por su elevada mortalidad.
La enfermedad está causada por un virus, muy resistente a desinfectantes y productos usuales de limpieza, lo que hace difícil su eliminación y muy fácil su supervivencia y transmisión (podría mantenerse infectante hasta meses).
La forma de infección es de perro infectado a perro sano, de forma directa o indirecta. El contagio es a través de la boca y nariz, a partir del material infectado de los animales enfermos. La transmisión directa se lleva a cabo por contacto de perros sanos con las heces y secreciones de perros infectados por parvovirus. La forma indirecta se lleva a cabo por el contacto de estos perros sanos con elementos que han estado previamente junto con los elementos infectivos, es decir, elementos que están con las secreciones que un animal infectado ha expulsado. Como guantes, ropas, comederos o bebederos,… o simplemente nosotros sin llevar a cabo una higiene adecuada, actuando como transmisores.
Cuando el virus entra en el organismo se multiplica y afecta al intestino, disminuye las defensas del animal y a veces puede disminuir la temperatura del cuerpo. Después de que los virus afectan al organismo los síntomas que se aprecian en los animales comienzan a manifestarse desde 4 a 14 días después.
Hay varias formas de presentarse la enfermedad pero la forma más común es una sintomatología digestiva, que comienza con falta de apetito, decaimiento y fiebre. De uno a dos días después comienzan a aparecer vómitos y diarreas, con o sin sangre Estas diarreas y vómitos, junto con la orina, hacen que se elimine mucha cantidad de agua y sales del organismo, sin poder recuperarlas por la ingesta debido a que el intestino, que se encarga de su absorción, esta dañado. La deshidratación es la complicación más grave de la enfermedad, junto con la anemia por las hemorragias, y si no se lleva a cabo un tratamiento de mantenimiento adecuado la muerte acontece en horas. Otra complicación es el paso de bacterias del intestino al organismo por la sangre, provocando una infección generalizada que dificulta la recuperación.
El diagnóstico de la enfermedad se realiza por los síntomas que presentan los animales cuando acuden al veterinario, coincidiendo con la evolución comentada, y por análisis de heces, que confirman la enfermedad.
Una vez confirmada la sospecha de la infección se comienza un tratamiento que irá encaminado a restaurar la pérdida de agua y electrolitos perdidos por los vómitos y la diarrea del animal, como no es posible la retención de alimento, será necesaria la instauración de fluidos intravenosos. Si la pérdida de sangre es muy grande, hay necesidad de realizar transfusiones de sangre o plasma. Al entrar bacterias en el organismo, es necesario medicar con antibiótico. Controlar los vómitos con medicamentos para ello y dieta de fácil asimilación cuando sea posible. Protectores gástricos y control de la temperatura.
Para su prevención es importante una buena higiene de las zonas que han estado en contacto con perros infectados o sus heces y secreciones, y la vacunación de los cachorros y su madre. Para la desinfección es imprescindible el uso de lejía.
La vacunación es imprescindible para la prevención de la enfermedad. La correcta vacunación de las hembras que van a ser madres garantiza el nacimiento de cachorros sanos y con anticuerpos contra la enfermedad. Las primeras vacunas del cachorro deben comenzar a partir de las 6- 9 semanas de edad. La repetición se puede hacer 1 ó 2 veces, o incluso más, en función del riesgo que exista en la zona y la susceptibilidad de la raza en cuestión (pittbulls, rottweiler, doberman son algunas de las razas más susceptibles a ser afectados por la enfermedad). Se revacunará anualmente para mantener la inmunidad en el animal.
Hay que tener en cuenta que ninguna vacunación tiene una eficacia de un 100% porque depende de muchos factores el que un animal se vea afectado o no, tales como otras infecciones que afecten al animal, el estar afectados por parásitos, problemas de nacimiento o un elevado número de virus que infectan la zona en la que el animal vive.
Una buena desparasitación antes de la vacunación, y limitar el contacto del animal con otros perros hasta que las vacunas han comenzado a producir anticuerpos en el organismo, son fundamentales para evitar la afectación de nuestra mascota. No obstante, ante cualquier duda, vuestro veterinario podrá informaros de todo lo que necesitéis sobre la pauta vacunal, riesgos y precauciones para evitar la enfermedad.
Y ante todo recordad, siempre es mejor prevenir que curar.

Veterinario: Antonio Peña Pérez
Polígono Industrial Chacón, parcela 28
Fuente Palmera
Teléfono: 686615439